Es posible haberse asomado a Miguel Delibes por obligación: un encargo escolar a los 14 o 15 años
y es muy probable que en ese momento comenzara una adicción a la Literatura de verdad, la que se escribe con letras mayúsculas.
Pequeños mundos interiores se fueron abriendo de par en par ante tus ojos:
Descubriste que es posible sentir con la piel de otros:
Abriste historias de personajes que no tienen nada de protagonistas, trozos de vida anónima que -sin embargo- se volvieron inmortales en tus manos:

Aprendiste que la soledad puede adoptar formas sobrecogedoras:
Y te sumergiste en almas silenciosas que quedaron instaladas para siempre en tu memoria:
Incluso aquellas páginas que no fueron escritas para ti, incluso ésas, las ibas reconociendo como retazos de vida que han merecido quedar escritas:
Sin pedestal, sin fanfarrias, sin necesidad de adornar el lenguaje; palabras que te entran por los poros:



















Impresionante su capacidad de desdoblarse en otras personas, en sus puntos de vista y de captar las distintas realidades de cada uno/a. Yo leí en clase el “Príncipe destronado” y gustaba mucho a los niños/as y me pareció increíble “Cinco horas con Mario”, como era posible que lo escribiera un hombre. En fin un muy buen escritor de los que te cuentan los libros de texto y que luego cuando le lees compruebas que es verdad.